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K2 Team - Club de montañismo de Monterrey.

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Carrera del Pentatlón 2011 (artículo de revista)

Posted by Andromaco Papua on December 13, 2011 at 9:45 PM

No es la reseña tradicional, sino un artículo que aparecerá publicado en enero próximo en conocida revista chilanga. Pero en éste podrán ver info del recorrido, las distancias y condiciones.

75kms de carrera de campo traviesa: el Pentatlón regio.

Hay de carreras a carreras. Unas son ráfagas de corta distancia y otras son distancias tan largas que exigen tenacidad y formidable condición. Sin embargo existen otras que son sólo para locos. En un número previo de esta revista le comenté, estimado lector, de una carrera casi vertical para subir y bajar los 4,100 metros de altura del Monte Kinabalu (Malasia). Los ganadores hacen el recorrido completo de 21kms, en sólo 2hrs y 40min. Todo un triunfo de condición física y amor por las montañas. Si bien la distancia es la mitad de un maratón, las condiciones del terreno, la altura y la ausencia de oxígeno hacen que esta prueba sea conocida como la carrera de montaña más dura del mundo.

Hoy deseo describirle una de estas carreras que tiene verificativo en el norte de México, comenzando en la Sierra de Santiago y culminando en La Huasteca de Monterrey. Los 75kms que hay que cubrir para terminar la carrera son sólo el principio del reto. A ellos hay que sumarle los desniveles, lo accidentado del terreno y las artes que debe uno tener para orientarse entre los cañones que marcan el recorrido con escasa señalización.

Esta prueba, llamada la Carrera del Pentatlón es todo un evento que lleva ya 45 ediciones anuales y congrega a cerca de 250 corredores de todo el país. Lo que comenzó como una caminata para probar la entereza física de muchachos inscritos en el Ideario Pentathlónico, ahora es una carrera donde se busca romper marcas de tiempo. El recorrido parte de la plaza central de Santiago (pueblo mágico según SECTUR) y rápidamente comienza a exigir a los competidores: la pendiente se inclina de tal forma que en 9kms ya se han subido casi 1,200m de altura. Al llegar al punto más alto, llamado Puerto Gringo, el bosque es denso en encinos, robles y pinos. La vereda a veces se confunde entre la vegetación y en ocasiones está bien marcada por la huella dejada por vehículos 4x4. El descenso comienza y con él las posibilidades de correr. La señalización es ocasional dejando un poco a la buena orientación del corredor seguir el camino adecuado.

Unos 4,5 kilómetros más adelante se llega a Ciénega de González, pequeña comunidad en la entrada del maravilloso Cañón de San Cristóbal por donde discurrirán los restantes 60 kms de la prueba. El camino a partir de aquí tendrá un desnivel apenas perceptible, con tramos cubiertos por “piedra bola” (pedruscos de unos 10cms de diámetro que hacen perder estabilidad con cada paso) y otros salpicados de gigantescas rocas de hasta 5metros de diámetro que exigen buscar un resquicio entre ellas para continuar la marcha. Las vistas de las paredes del cañón son soberbias: una masa vertical de 300m de altura cubierta por escasos árboles y una tonalidad que va del naranja oxidado al gris metálico y que invitan al corredor a detenerse a tomar fotografías.

Justo en esta sección de la carrera mi mente pensaba en lo turística que podría ser esta aventura si no fuera por la premura de alcanzar lo antes posible la meta. Escasas personas llegan hasta esos puntos en los fines de semana y menos aún los que se animan a acampar escoltados por dichas paredes. El cauce de este río (el mismo que kilómetros más adelante será conocido como Sta. Catarina y disecta por la mitad la ciudad de Monterrey) tiene en ciertas zonas una pequeña corriente de no más de 15cms de profunidad, pero que para cruzarla hace que los pies de mojen una y otra vez, y con la fricción de una carrera de tanto kilometraje, aparezcan las primeras ampollas.

En ocasiones se corre junto con otros participantes que llevan el mismo ritmo, pero en muchas otras se va solo, como me ocurrió a partir del kilómetro 30. Nadie a mi alrededor por horas y fue ahí cuando sentí que había dejado caer el GPS. Al regresar a buscarlo noté como la anchura vacía de este cañón era tomada, uno a uno por corredores que venías atrás de mi. Me sentí como en una película de zombis donde el héroe de la trama camina por una ciudad abandonada y uno a uno van apareciendo los zombis que avanzan hacia él. Así, tras el primer corredor apareció un grupo de otros 9 que venían dispuestos a rebasarme mientras buscaba el GPS. Su paso era constante y casi en grupo. Parecía que venían dispuestos a acabar conmigo. Uno a uno me fue rebasando y sólo a dos de ellos logré rebasarlos muchos kilómetros más adelante.

En el kilómetro 40 existe un puesto de control operado por antiguos miembros voluntarios del pentatlón donde se espera a los corredores con agua e incluso un caldo con verduras que inyecta nueva vida en los ánimos cansados de todos. Es aquí también donde existe un corte: aquellos corredores que en 12 horas no hubieran llegado ahí serían descalificados. Al rebasar la marca de los 42km pensé que ya había recorrido la distancia de un maratón y aún me restaban otros 33kms más por avanzar. El pensamiento no parecería muy halagüeño cuando en realidad es lo contrario: la meta está más cerca, falta mucho menos de la mitad.

El trayecto en esta sección puede ser sobre la huella de camionetas 4x4 que llegan hasta esta instancia para conectar poblaciones tan pequeñas como El Pajonal (11 hab.) o bien, por veredas apenas visibles sobre la arena propia de un desierto como el de Sonora. En aras de evitar los meandros del río por donde pasan las 4x4, opté por encontrar las veredas en la arena, tarea que resultó tremendamente fatigosa. Me encontraba aún en esta sección cuando el atardecer era inevitable y por mi mente pasaba lo complicado que sería dicho tramo para los participantes más rezagados ya inmersos en la oscuridad y amparados tan sólo por las luces de las linternas y sin la referencia de los cerros que marcan la dirección del cañón.

Cuando finalmente tuve la Presa Rompepicos frente a mi, pensé que estaba en casa. Me impulsé aún corriendo sobre las arenas del Corral de las Palmas para atravesar la cortina de 70m de altura. Ya sólo 18kms me separaban entre este monstruo de concreto y la anhelada meta. La noche me cubrió unos minutos más tarde y fue ahí cuando las fuerzas estuvieron a punto de abandonarme. Para esos momentos, el ganador de la carrera había hecho meta ya hacía 2 horas y muy probablemente estaría ya relajando sus músculos en casa. Cada uno de los 15kms finales me costó más que esfuerzo físico, mucha concentración para llegar al fin. La mente tiene que vencer al cuerpo cuando la fuerza lo abandona. Así, cada kilómetro escuchaba el “haka” neozelandés para darme vigor y convencerme que podía terminar la carrera.El camino era ya una terracería, notoria mejoría respecto a la infame piedra bola, pero aún así, las ampollas ardían con cada paso irregular en la superficie. En realidad lo venían haciendo desde el kilómetro 50…

Mis cálculos para llegar al penúltimo puesto de control fueron incorrectos y comencé a desesperarme pues quería descansar ahí aunque fueran 5 minutos. Al no llegar, el cerebro comienza a desesperar y el cuerpo entonces se derrota más fácil. Finalmente, tras un error de 3 kilómetros llegué a dicho puesto de control que me esperaba con una fogata. El frío de 6ºC no era notorio mientras se está en movimiento, pero apenas me detuve a descansar mi cuerpo se heló y batallé como nunca antes para ponerlo en marcha otra vez. En realidad tuve que caminar 300 metros a un paso tan lento como desesperante para hacerlas entrar en calor y distender los músuclos otra vez. Sólo así pude recuperar el ánimo y recorrer los últimos 5km entre las monumentales paredes de piedra blanca que hacen de La Huasteca de Monterrey todo un monumento natural pocas veces apreciado.

Tan sólo 100m antes de la meta encontré la antigua superficie pavimentada y mis pies solos volaron sobre ella hasta cruzar la línea final. Mi tiempo final fue de 14:14 para recorrer los 75.5kms de esta patagruélica carrera. No es precisamente el mejor de los tiempos pero bastó para ubicarme entre los primeros 50 corredores. El ganador había llegado casi 4 horas antes en una muestra innegable de la tremenda capacidad física que puede lograr el ser humano. ¿Lo volvería a hacer? Pregúnteme, amable lector, en una semana. Lo cierto es que esta carrera, en este cañón y con dichos escenarios naturales es una joya que debe ser explorada, con o si las prisas de una carrera. 

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